El portal Wikileaks reveló alrededor de 5 millones de correos electrónicos pertenecientes al centro de pensamiento estadounidense Stratfor, una compañía a la que el fundador de la página, Julian Assange, define como “un medio de comunicación que proporciona una revista con información de inteligencia”, pero lo que hace es “gestionar redes de informantes y blanquea los pagos a través de las Bahamas, Suiza y tarjetas privadas de crédito”.
Según Assange, las labores de esta compañía proveen de información valiosa, obtenida con métodos catalogados de “espionaje”, a grandes empresas como Dow Chemical y Coca Cola y a gobiernos, al punto que se ha ganado el calificativo de “la CIA a la sombra”. Cosas como que Israel ya habría destruído las instalaciones nucleares con fines bélicos de Irán; y que Brasil busca que Inglaterra quede marginado de su control sobre las Islas Malvinas. Definitivamente, sólo el tiempo permitirá verificar la validez de la información vendida por la agencia acusada de espionaje.
Wikileaks acusa a los analistas de Stratfor de “jugar a James Bond de la manera más absurda y a menudo más ineficaz y nula”. Los primeros mensajes sugieren que Dow Chemical, vinculada a la catástrofe de la ciudad india de Bhopal en 1984, pagó a Stratfor para observar a los defensores de las víctimas. Assange también dice que una parte “importante” de la financiación de este think-tank proviene al parecer de agencias gubernamentales estadounidenses. Al mismo tiempo denuncia que tiene pruebas de que la compañía estadounidense vigiló su portal.
Assange, en una entrevista concedida a la emisora W Radio, tildó de “terrible error” la alianza que desde febrero de 2011 sostenía con El Espectador, cuando el propio fundador de Wikileaks le entregó al director de este diario, Fidel Cano, el contenido de más de 16.000 cables filtrados del Departamento de Estado de Estados Unidos, cuyo tema central era Colombia. Para Assange, resultó una equivocación haber entregado tal información a este diario, tras conocer que entre El Espectador y Stratfor existía un acuerdo de colaboración informativa. Los informes de la firma estadounidense gozan de prestigio entre los medios de comunicación y sus analistas son continuamente consultados por medios internacionales como CNN, The New York Times, BBC, Bloomberg y Reuters, entre otros.
El director de este diario, Fidel Cano, aseguró al respecto que “nosotros solamente compartimos información previamente publicada y en ocasiones opiniones sobre la coyuntura. Por lo demás no cumplimos con enviarles informes semanales, como dice en el acuerdo. Era simplemente un contrato de colaboración que no contemplaba ningún tipo de remuneración económica”.
En la sección Internacional de este diario, varios de los análisis publicados por Stratfor fueron utilizados como fuentes de información para la elaboración de artículos informativos, en especial en temas relacionados con Oriente Medio. En particular, los periodistas de la misma sección cruzaron correos y llamadas telefónicas con Reva Bhalla, quien se desempeña como directora de Análisis de Stratfor para Oriente Medio, el sur de Asia y América Latina.
Para la redacción resultó sorpresivo que ahora, en uno de los correos hechos públicos por Wikileaks, el director de Stratfor, George Friedman, sugiriera a Bhalla controlar a un informante israelí, cuando en palabras del jefe “control quiere decir control financiero, sexual o psicológico”. De acuerdo con las comunicaciones, la mujer estaba detrás de datos importantes sobre el estado de salud del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien según la fuente “a controlar” padece una enfermedad que se inició como un “cáncer de próstata” y se extendió “al colon”, a los “ganglios linfáticos” y a la “médula ósea”. Stratfor tiene información que dice que médicos rusos no le dan más de un año de vida al mandatario.
Los cerca de cinco millones de documentos filtrados por Wikileaks fueron entregados a 25 medios asociados al portal, como el español Público, los italianos L’Espresso y La Repubblica, el mexicano La Jornada y la revista estadounidense Rolling Stone. El Espectador no participó en esta difusión.







