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La contaminación del aire puede provocar depresión.

La contaminación del aire no solo enferma los pulmones, también afecta directamente la mente. Investigaciones científicas recientes advierten que respirar aire contaminado incrementa el riesgo de sufrir depresión, ansiedad y otros trastornos de salud mental. Las partículas tóxicas presentes en el smog urbano no se quedan en el sistema respiratorio; viajan por el cuerpo, llegan al cerebro y alteran su funcionamiento. Vivir en ciudades con altos niveles de polución se asocia hoy con un mayor deterioro emocional y cognitivo, incluso en personas jóvenes y sin antecedentes clínicos.

El problema está en las partículas microscópicas que flotan en el aire, especialmente las más finas y ultrafinas, generadas por el tráfico, la quema de combustibles, incendios y procesos industriales. Estas partículas pueden atravesar los pulmones, ingresar al torrente sanguíneo y alcanzar el cerebro, superando incluso sus barreras de protección. Según análisis publicados por investigadores universitarios y recopilados por The Conversation, esta exposición constante puede desencadenar procesos inflamatorios y neurológicos vinculados a la depresión. La evidencia es clara: la calidad del aire que respiramos también está moldeando nuestra salud mental.