Un ensayo clínico internacional denominado REBOOT ha puesto en duda un protocolo médico establecido durante más de cuatro décadas al demostrar que el tratamiento tradicional con betabloqueantes tras un infarto de miocardio no ofrece beneficios reales en pacientes con una función cardíaca relativamente sana. Durante años, la práctica estándar indiscutible ha consistido en dar de alta a los supervivientes de un infarto con una receta de estos fármacos, diseñados para reducir la presión arterial y disminuir la carga de trabajo del corazón. Sin embargo, este estudio, que realizó un seguimiento a más de 8,400 pacientes en España e Italia, concluyó que quienes tomaban betabloqueantes no experimentaron una reducción en el riesgo de muerte, infartos posteriores u hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca, en comparación con quienes no los tomaban.

El ensayo REBOOT se centró específicamente en aquellos supervivientes cuya función cardíaca se mantuvo preservada o normal tras el evento isquémico. Un análisis de subgrupos dentro del estudio reveló un dato alarmante respecto a la disparidad de género: las mujeres con función cardíaca normal que recibieron betabloqueantes mostraron un mayor riesgo de sufrir eventos cardíacos adversos en comparación con las que no recibieron el tratamiento. Este hallazgo subraya la necesidad urgente de abandonar las prácticas de prescripción estandarizadas e indiscriminadas en este grupo de pacientes,y subraya la importancia de una medicina más personalizada tras un evento cardiovascular.
Los investigadores atribuyen este cambio en la utilidad de los betabloqueantes a los rápidos y significativos avances en la cardiología moderna. Procedimientos como la angioplastia primaria para desobstruir arterias de forma rápida, el uso de estatinas potentes y anticoagulantes avanzados desempeñan ahora un papel fundamental en el tratamiento actual, logrando resultados que hacen que la terapia con betabloqueantes sea redundante en ciertos escenarios posinfarto. Si bien estos fármacos siguen siendo cruciales para pacientes con insuficiencia cardíaca o arritmias, el estudio REBOOT insta a los médicos a ser mucho más selectivos y a reevaluar su uso generalizado como tratamiento de mantenimiento a largo plazo.





